Todos sabemos por experiencia propia que, cuando requerimos los servicios de un profesional, esperamos de él no sólo competencia, ( es decir, dominio de los conocimientos teóricos y prácticos propios de su profesión), sino también una utilización adecuada de esa competencia, una conducta profesional ética.

Así, se espera de él/ ella que pondrá atención e interés para realizar bien el servicio, que no las utilizará para otras actividades beneficiosas para él o ella mismos, etc.
Principios todos ellos que no corresponden al ámbito de la competencia, sino al de la ética profesional, y que presentan gran actualidad en las sociedades de nuestro tiempo por la particular sensibilidad y rechazo sociales que producen hoy las faltas de moralidad en la vida pública y en el ejercicio de las profesiones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario